Síndrome de Abstinencia


-¿Una copa de vino, señor?
-No gracias, dejé el trago hace unos días

Víctor llamaba todos los fines de semana a sus amigos, los invitaba a un bar cercano, al mismo de siempre, donde una guapa barwoman sabía siempre lo que querían: un mojito cubano para abrir la ronda, varias cervezas para compartir y, cuando estaban todos en el límite, una piscola bien cargada que los despachaba hasta el otro fin de semana.


Pero en la semana, cuando los amigos no estaban, Víctor y Lea -la barwoman- se seguían encontrando. Ella preparaba para él una gran cantidad de tragos que compartían juntos en el bar, toda la noche, hasta que decidían ir al departamento de uno de ellos.

Un día, horrible día de verano en que despertó luego de la peor borrachera que había tenido, se decidió a dejar el trago. Sus amigos se burlaban de él y su decisión, señalándole que era imposible que consiguiera ese propósito.

Víctor, al pasar los primeros meses, comenzó a desesperar por un trago, pero su fuerza de voluntad logró aplacar estas ansias durante gran tiempo. Lamentablemente, luego vinieron algunos problemas y situaciones que lo hicieron buscar nuevamente el trago. Llamó a Lea para que le preparara alguno de sus tragos favoritos, pero "por su bien" le negó aquella desesperada petición.

Sólo unos meses después, fue hallado muerto en su casa, con una botella de whisky derramándose a su lado. La causa de la muerte fue, por decirlo menos, bastante extraña: en la desesperación por beber, buscó abrir el whisky con los dientes, situación que acabó en la asfixia de Víctor, puesto que se había tragado la tapa de la botella.

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