(Para leer la Primera Parte, haz click Aquí)Justo en ese momento sentí la tierra moverse bajo mis pies, la señal que estaba esperando para montar en la mula y continuar el viaje que emprendí casi a la fuerza. Fueron siete días en los que, gracias a un instinto de supervivencia que había logrado desarrollar a pesar de vivir cómodamente, no me faltó comida, techo ni abrigo para pasar este tiempo.
Debo admitir que, en un principio, me costó demasiado hacer que la mula tomara la dirección que yo intentaba indicarle pero, una vez que la dominé, el resto del viaje me pareció bastante sencillo y rápido. Es así como nos adentramos prontamente en una hermosa y frondosa selva, la cual era bañada por un torrentoso río que, en tiempos de estiaje, aún era capaz de llevarse a una manada entera de toros con su fuerza.
Busqué la manera de cruzar el río pero, al parecer, nadie había tenido antes la oportunidad de cruzarlo, por lo que no había un camino que seguir. Claramente ya la mula no me servía y, como no tenía modo de cargar mis cosas, tuve que dejar la mayor parte de ellas y sólo quedarme con aquello que creí necesario para continuar el viaje.
Seguí recorriendo la rivera del río para ver si encontraba una forma de atravesarlo de manera segura, pero por una semana no logré nada. Luego de unos días decidí esperar un mes, que era lo que faltaba para el equinoccio, así el río podría bajar su caudal y yo intentar dar cruce a nado.
Pasado el mes, volví a la orilla del río, pero me di cuenta de que éste no había disminuido de la manera en que lo esperaba, por lo que cruzar el río siguió siendo imposible. Así, casi rendido, me recosté bajo el árbol que había servido de techo durante este mes y me sumí en el recuerdo de la juventud.
Recordé que en aquellos años era como ese río. Todo lo que sentía y entregaba, lo hacía en la misma manera en que el río hacía bajar el agua. Es así como muchas personas intentaron "cruzar al otro lado" de mi vida y conocer lo que había al otro lado de ese poderoso río, pero fueron muy pocos los que lograron cruzarlo.
Desperté de mi sueño en el mismo momento en que una barca bajaba por el río y encallaba en una orilla. Del mismo modo en que apareció la figura de porcelana en el desierto, apareció ahora una botella etiquetada con el siguiente mensaje:
Recuerda que el agua toma siempre la forma del recipiente que la contiene. Si la viertes en un cántaro, quedará estancada y no se purificará. Mientras más agua corre, más sedimentos arrastra.Subí al barco y comprendí que era el momento de dejarme llevar...

