Tercera de Newton

Conocí a Sarai cuando, durante uno de los tantos eventos a los que gustaban asistir mis padres en familia, decidí salir a caminar por el patio de la casa de eventos en que se estaba realizando la enésima muestra de arte a la que asistíamos ese año. Me senté en el pasto de aquel inmenso patio -un gusto que disfrutaban mis 'refinadas' nalgas- y me dispuse a observar las estrellas, algo que normalmente no tenía tiempo de hacer.

Luego de algunos minutos de jugar a dibujar constelaciones en el cielo, pude ver salir de la ruidosa casa a una muchacha, acaso más abstraída en sus pensamientos que yo en los míos. Sarai no representaba una gran hermosura como aquella retratada en las decenas de cuadros que había al interior de la casa, pero tenía algo que me hizo admirarla de inmediato.

Fue ella quien primero pronunció palabra. Nos presentamos y nos fuimos conociendo. Salíamos a pasear cada vez con más frecuencia, y yo me fui enamorando poco a poco de ella.

Mi mayor problema fue siempre, y sigue siendo hasta ahora, mi poca decisión. Estube meses planeando la manera mejor de darle a conocer mis sentimientos, pero no lograba salir de ese estado de reposo emocional en que sólo podía pensar en lo que diría, sin poder concretar la pronunciacion de dos palabras que, fuera de contexto, son tan fáciles de decir: "me gustas".

Repentinamente, cuando menos lo esperaba, vino una declaración inesperada, que pretendí responder como si me hubiera preparado toda una vida para ello:
-Me he dado cuenta de que te comportas de una manera algo 'extraña' conmigo -me dijo Sarai-. Cada vez que nos vemos me siento abstraída y, de un tiempo a esta parte siento que me has empezado a gustar, que me estoy enamorando de ti.

Sólo un beso fue mi respuesta. No atiné a nada más.
"Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: o sea, las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto."

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