Llevaba pocos años de hacer mi aparición en este mundo. Durante los años pasados había estado acostumbrado a entretenerme nada más que con mi madre, ya que en ella encontraba todo lo que necesitaba y, bueno, era lo único que conocía.
Recuerdo que en más de una ocasión, cuando mamá me llevaba de compras con ella, visitamos varias tiendas en las que encontraba algunas cosas que no entendía muy bien qué eran pero, al parecer, puedo deducir que se trataba de juguetes que la entretenían y la ayudaban a sentir más contenta. Nunca me sentí celoso de esos juguetes porque, al fin y al cabo, me encantaba ver a mamá feliz y, además, a veces jugábamos juntos con estos juguetes.
Si bien, mamá acostumbraba tener siempre un par de juguetes con los que jugar, siempre había uno que tenía como favorito. El último que le recuerdo, era un peluche con forma de cerdito que a mi también me ponía bastante feliz y, de vez en cuando se lo pedía para entretenerme con él.
Durante todo ese tiempo, en que yo no comprendía muy bien de que se trataba todo este asunto de los juguetes y porqué había yo de querer uno, tuve la oportunidad de conocer un par de juguetes que me llamaron la atención. Intenté hacerme de varios de estos, pero sin ningún buen resultado hasta que, finalmente, uno de ellos estuvo a mi alcance y logré llevármelo a la casa.
Este primer peluche, que a decir verdad sin mucho esfuerzo conseguí, fue mi primer compañero de aventuras con el que, lamentablemente, no logré inventar demasiadas historias y, tal como llegó, lo perdí cuando lo dejé abandonado a su suerte en algún lugar del mundo.
Un par de meses después, cuando ya había olvidado a mi primer peluche, conocí a un amigo que tenía el juguete que había visto un par de días atrás en la televisión y que mi mamá, por problemas de dinero, no podía comprarme.
De ahí en adelante, acostumbré ir a casa de mi amigo, durante varios meses, sólo para jugar con este juguete que tanto me llamaba la atención. A veces mi amigo no me lo quería prestar, por lo que debía esconderme y tomarlo sin permiso, lo cual me hacía sentir muy mal, pero las ganas de tener ese juguete eran más grandes, por lo que seguí callado durante todo ese tiempo.
Pero, de un momento a otro, ¡llegó el mejor juguete de todos! Se trataba de una versión mejorada del que tenía mi amigo. Éste no sólo tenía más y mejores características sino que además, por el hecho de ser mío, lo quise con más fuerzas que el anterior. De hecho, por éste fue por el que dejé de tomar a escondidas el juguete de mi amigo. Me parece que lo tuve por más tiempo que los dos anteriores, pero sé que la verdad no fue así: del mismo modo en que yo le arrebaté su juguete a mi otro amigo, alguien me había quitado mi juguete y, cuando ya no podía hacer nada para recuperarlo, lo abandonó e hizo que nunca más pudiera volver a jugar con él.
Quizás en algún momento pueda encontrar un juguete que me haga querer tenerlo todos los días y a cada momento a mi lado. Por ahora sólo quiero volver a ser un niño inocente que no quiere más que dar rienda suelta a su imaginación con un juguete regalón que lo acompañe hasta el fin de sus días.
