Subieron ambos, tomados de la mano, a la habitación que previamente él
había preparado para ella. Más bien, para ellos. Al entrar en aquel
cuarto cálidamente iluminado por cuatro velas, una en cada esquina, se
quedaron de pie, frente a frente, y se miraron a los ojos. Poco a poco
se quitaron la ropa, mientras se tocaban y besaban, hasta llegar al
momento en que quedaron completamente desnudos en la cama...
-Son doscientos mil pesos - dijo Fantine, mientras se bajaba del auto, de vuelta en el prostíbulo, cuando todo había acabado felizmente.
Él sólo arrojó un fajo de billetes por la
ventana y aceleró a fondo. Se alejó de ese lugar, con una lágrima desbordando de sus ojos. Ojos que aún creían en ella.