Y repentinamente, cuando el baile había cesado y las velas habían sido apagadas por un soplo, luego del canto del "Cumpleaños Feliz" y de la repartición de torta, los invitados procedieron con su retirada, dejando a Ariel en una soledad que no había sentido desde el año pasado cuando, del mismo modo, sus miedos provocados, no por la edad, sino por el vacío que le producía esa soledad post-fiesta, lo llevaban a acostarse, esperando la llegada de su próximo cumpleaños.
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